Las Mujeres están bravas

Hay un tipo de rabia que no grita, que no marcha con cacerola, que no sale en los noticieros. Es la rabia de la mujer que llegó a las 11 de la noche después de trabajar dos turnos, que calentó la comida, que revisó las tareas, que pagó lo que pudo pagar; y que antes de dormirse pensó: ¿hasta cuándo?

Esa rabia lleva años acumulándose en Colombia. Y en silencio se convirtió en algo mucho más peligroso que una protesta: se convirtió en organización.

Las Mujeres Patriotas no son un grupo de WhatsApp. Son redes de mujeres luchadoras, que se conocen, que se cuidan, que se mueven juntas; y que ya aprendieron que esperar a que un político las salve es el error más caro que pueden cometer. Por eso cuando Patriotas llegó con una propuesta distinta  y cuando Abelardo De La Espriella decidió jugarse el pellejo con este movimiento en lugar de irse con los partidos de siempre; las Mujeres Patriotas pusimos atención.

¡No porque nos vendieran un sueño!

Sino porque, por primera vez, alguien llegó sin el libreto gastado, sin las promesas de campaña que todos memorizamos y que nadie cumple. Abelardo llegó a donde estaban ellas, a las reuniones sin cámara, a las conversaciones que sí importan. Y las Mujeres Patriotas saben reconocer a alguien que va en serio, porque llevan décadas distinguiendo a los que vienen a usarlas de los que vienen a trabajar con ellas.

Colombia sigue esperando que el cambio llegue de arriba. Las Mujeres Patriotas ya entendieron que el cambio sube desde abajo,  desde cada barrio, cada vereda, cada ciudad donde una mujer decidió que esta vez su voto no se regala, se invierte.

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